¿Alguna vez te has preguntado qué ocurre con la consciencia cuando termina la vida física?
Más allá de las creencias religiosas y la ciencia tradicional, hoy existen nuevas teorías que buscan responder esta pregunta fundamental.
En nuestra vida cotidiana, la consciencia se manifiesta en cada decisión, en la forma en que sentimos y pensamos, pero ¿podría ser también el elemento base del universo?
Este artículo te invita a descubrir, de forma clara y con ejemplos sencillos, cómo la visión de Tom Campbell conecta la física, la filosofía y la experiencia personal para dar sentido a lo que somos y a lo que podría suceder tras la muerte.
¿Quién es Tom Campbell?
Tom Campbell es un físico estadounidense con una amplia trayectoria en física aplicada y estudios de la consciencia.
Comenzó su exploración en este campo en la década de 1970, trabajando junto al pionero Bob Monroe en investigaciones sobre experiencias fuera del cuerpo y la naturaleza de la consciencia.
Según Campbell, la consciencia no surge del universo, sino que el universo surge de la consciencia. En otras palabras, la mente no es el resultado de la actividad cerebral o de la materia, sino el fundamento mismo de toda la realidad.
Esta visión fue expuesta en su obra principal, la trilogía My Big TOE (Theory of Everything), donde propone que el universo funciona como una gran simulación digital, un entorno informacional diseñado para que una consciencia mayor —a través de innumerables unidades individuales, como nosotros— pueda aprender, evolucionar y desarrollarse.
Sus investigaciones combinan la física cuántica, la experiencia subjetiva y la teoría de la información para ofrecer una visión revolucionaria del universo y la vida después de la muerte.
Además, Campbell ha trabajado como físico en agencias como la NASA y continúa siendo un divulgador activo que desafía nuestras ideas tradicionales sobre la muerte, la existencia y el propósito de la vida.

Tom Campbell
La consciencia como el origen de todo
Tom Campbell propone una visión radicalmente distinta de la realidad tal y como la conocemos: en esta la consciencia no es un producto del cerebro, sino su origen.
A diferencia del enfoque materialista —según el cual la mente surge de la actividad neuronal—, Campbell sostiene que ocurre al revés: la consciencia es el fundamento sobre el cual se construye el universo físico.
Su teoría parte de una interpretación informacional del cosmos.
La física cuántica muestran que la materia no existe como algo sólido hasta que es observada. El experimento más emblemático en relación a este tema es el llamado: experimento de la doble rendija.
El experimento de la doble rendija
El experimento de la doble rendija es uno de esos momentos de la ciencia que parece sacado de una película de ciencia ficción.
Configuración básica
El experimento consiste en disparar partículas (como fotones o electrones) hacia una barrera que tiene dos rendijas estrechas y paralelas. Detrás de esta barrera hay una pantalla de detección que registra dónde impactan las partículas.
Resultados sorprendentes
Cuando ambas rendijas están abiertas, no obtienes simplemente dos bandas en la pantalla (como esperarías si las partículas fueran solo proyectiles que pasan por una u otra rendija). En cambio, aparece un patrón de interferencia: múltiples bandas claras y oscuras alternadas. Este es el tipo de patrón que producen las ondas cuando interfieren entre sí, como las olas en el agua.
Lo verdaderamente extraño ocurre cuando envías las partículas de una en una. Incluso disparando electrones individuales, uno tras otro, el patrón de interferencia se forma gradualmente. Esto significa que cada partícula individual parece «interferir consigo misma», como si pasara por ambas rendijas simultáneamente en forma de onda (hablamos de un patrón de onda).

Las partículas dibujan un patrón de onda al atravesar las 2 rendijas (mientras nadie mide)
El colapso de la función de onda
Pero aquí viene la parte más misteriosa: si colocas detectores para observar por cuál rendija pasa cada partícula, el patrón de interferencia desaparece y obtienes simplemente dos bandas, como si las partículas fueran proyectiles clásicos. El simple acto de observar cambia el comportamiento del sistema.

La función de onda colapsa al ser medida
Este experimento demuestra que las partículas cuánticas no tienen una posición definida hasta que son medidas, existiendo en una superposición de estados hasta ese momento.
En otras palabras, cuanto colocas un detector para mirar por qué rendija pasa cada partícula, todo cambia: dejan de comportarse como ondas y actúan como objetos sólidos, eligiendo una sola rendija y creando un patrón completamente distinto.
La conclusión es desconcertante: la realidad no se decide hasta que alguien la observa. Es como si el universo esperara a que una consciencia mire para “colapsar” todas las posibilidades en un solo resultado.
El observador no solo mira lo que ocurre: participa en la creación de lo que ocurre.
El universo como sistema de información
Para Campbell, esto demuestra que la realidad está basada en información, no en partículas materiales, y que la consciencia del observador desempeña un papel activo en la creación de lo que percibe.
En este marco, la consciencia funciona como un sistema global de información, una especie de campo no local que trasciende el espacio y el tiempo. Dentro de este sistema existen innumerables Unidades Individuadas de Consciencia (IUOCs) —como cada uno de nosotros—, que participan en distintas realidades virtuales (como nuestro universo) para aprender, evolucionar y para crecer a la vez que se aumenta el orden y la armonía del sistema (reducir la entropía).
En palabras simples, somos fragmentos de una consciencia universal que se experimenta a sí misma desde múltiples perspectivas (¿puedes ver la relación con lo que decía Jane Roberts?)
La muerte como transición, no como final
Para Tom Campbell, la realidad que llamamos “universo físico” no es un escenario sólido e independiente, sino algo mucho más parecido a una realidad virtual generada desde un sistema mayor de consciencia. Según él, la consciencia es lo único verdaderamente fundamental, y todo lo demás —materia, espacio, tiempo— son representaciones creadas para que podamos vivir experiencias y aprender.
Campbell propone una comparación sencilla: imagina un videojuego en línea. Todos los jugadores ven montañas, ciudades o personajes, pero detrás de ese mundo no hay objetos físicos: hay código, información y un servidor que procesa lo que ocurre en tiempo real. Para él, nuestro universo funciona de forma parecida. Lo que percibimos como “lo físico” sería el resultado de un sistema de consciencia procesando información de manera eficiente para ofrecernos una experiencia estable y compartida.
Dentro de este modelo, la vida humana se comprende como una oportunidad de crecimiento. Cada persona sería una “unidad de consciencia” usando un cuerpo físico como si fuera un avatar. ¿El objetivo? Mejorar, aprender, hacer elecciones con menos miedo y más amor, y reducir el “ruido interno” que nos limita.
Bajo esta perspectiva, la muerte no es un final, ni una pérdida de identidad. Es simplemente el momento en el que el avatar deja de funcionar y la consciencia se desconecta de esta simulación física para continuar su camino en un nivel más amplio. Es una transición, no una desaparición.
Lo que percibimos como “mundo físico” es en realidad información renderizada (procesada) por la consciencia, igual que un videojuego genera imágenes a partir de código.
Campbell compara la muerte con cerrar un videojuego: el personaje desaparece de la pantalla, pero el jugador —la consciencia— sigue existiendo fuera del juego, listo para iniciar otra partida.
Así, la muerte no destruye la consciencia, sino que la libera de una interfaz temporal, permitiéndole seguir evolucionando en otras realidades o dimensiones del mismo sistema.
El propósito evolutivo de la consciencia
La consciencia evoluciona reduciendo la entropía, un concepto tomado de la física que representa el grado de desorden o caos en un sistema. Cuanto menor es la entropía, mayor es el orden, la armonía y la capacidad de cooperación.
Aplicado a la vida humana, esto significa que cada decisión, emoción o acción puede aumentar o disminuir la entropía de nuestro entorno consciente. Las elecciones basadas en el amor, la empatía y la cooperación reducen la entropía, mientras que aquellas motivadas por el miedo, el ego o la separación la incrementan.
Por eso, el libre albedrío es esencial: sin libertad para elegir, no podría haber aprendizaje ni crecimiento.
Cada ser consciente tiene la oportunidad —y la responsabilidad— de contribuir al equilibrio del sistema mediante sus decisiones cotidianas.
Conclusión
El modelo de Campbell transforma la manera en que entendemos la vida, la muerte y nuestro papel en el universo. Si la consciencia es el motor de todo, cada acción, pensamiento o emoción cuenta, porque influye en la evolución del conjunto.
Esta visión nos invita a vivir con más responsabilidad, empatía y propósito, entendiendo que somos participantes activos en un universo consciente que aprende a través de nosotros.
Bajo esta luz, la existencia no es un accidente ni un castigo, sino una oportunidad continua de crecimiento y descubrimiento, dentro de una realidad creada para ayudarnos a recordar quiénes somos realmente.