El Dr. Manuel Sans Segarra es médico cirujano, formado en el paradigma científico clásico basado en el método cartesiano y la tradición biomédica newtoniana. Con décadas de experiencia en quirófano y medicina hospitalaria, su interés por la consciencia emergió al encontrarse con pacientes cuyas vivencias en situaciones críticas no encajaban en las explicaciones tradicionales.
A partir de estos casos —y sobre todo a partir de testimonios repetidos de pacientes reanimados tras muerte clínica— Sans Segarra comenzó a cuestionar la idea de que la consciencia se genera exclusivamente en el cerebro. Su obra La supraconciencia existe: Vida después de la vida coloca al médico en un espacio singular entre la medicina académica y el estudio de fenómenos extraordinarios como las experiencias cercanas a la muerte (ECM).
A pesar del impacto que ha tenido en miles de seguidores, su postura recibe críticas del sector científico más ortodoxo, que le reprocha interpretaciones imprecisas sobre física cuántica y una extrapolación excesiva de casos clínicos. No obstante, incluso entre sus detractores existe acuerdo en algo: Sans Segarra ha dado voz a un fenómeno que, estadísticamente, aparece de manera demasiado consistente como para ignorarlo.
Las ECM: Un desafío para la comprensión tradicional de la consciencia
Las experiencias cercanas a la muerte son episodios que ocurren en personas que han estado clínica o biológicamente muertas —sin pulso, sin respiración, y en muchos casos sin actividad cerebral medible— y que, tras ser reanimadas, relatan vivencias sorprendentes:
- sensación de abandono del cuerpo
- visión externa de la escena (autoscopia)
- encuentros con familiares fallecidos
- túneles luminosos
- revisión panorámica de la vida
- estados de paz y lucidez intensos
Estos elementos han sido reportados en culturas distintas, independientemente de la edad, la religión o el conocimiento previo del fenómeno.
Uno de los puntos centrales en la obra de Sans Segarra es que las ECM son más estructuradas y coherentes que las alucinaciones típicas y que presentan una fenomenología sorprendentemente estable.
Este patrón coincide con lo que el psiquiatra Bruce Greyson, referente mundial en ECM, describió como una estructura en 16 elementos recurrentes.
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Una consciencia que parece funcionar sin cerebro: El núcleo de la hipótesis no local
La tesis principal del Dr. Sans Segarra es que las ECM apuntan a un fenómeno radical:
la consciencia podría sobrevivir —al menos temporalmente— sin la actividad del cerebro.
Este enfoque se denomina consciencia no local (una idea similar encontramos en el trabajo del físico teórico Tom Campbell, de hecho no es el único que trabaja este tema).
La idea no es que “el alma” abandone el cuerpo, sino que la consciencia no estaría limitada a la actividad neuronal, sino que podría funcionar como:
- un campo,
- un proceso de información distribuido,
- o un nivel de organización más amplio que el cerebro.
Para Sans Segarra, el cerebro sería un transductor, un instrumento que recibe y procesa consciencia, no que la crea. Esta analogía es común en neurofilosofía contemporánea: el cerebro sería a la consciencia lo que la radio es a la señal.
Convergencias con las investigaciones de Moody y Van Lommel
El trabajo del Dr. Sans Segarra encuentra eco en dos figuras centrales del estudio moderno de las ECM:
Raymond Moody – El pionero
En 1975, el filósofo y psiquiatra estadounidense Raymond A. Moody Jr. publicó Vida después de la vida, un libro que marcaría un antes y un después en el estudio de las experiencias cercanas a la muerte (ECM). Hasta ese momento, los testimonios existían, pero no habían sido recopilados ni sistematizados con una metodología comparativa.
Moody entrevistó a cientos de pacientes que habían estado clínicamente muertos o al borde de la muerte y que, tras ser reanimados, describían experiencias sorprendentemente similares. De ese análisis surgió un patrón narrativo —lo que luego él llamaría “la experiencia cercana a la muerte clásica”— con elementos recurrentes:
- sensación de paz profunda
- separación del cuerpo y percepción externa de la escena
- movimiento dentro de un túnel
- encuentro con una luz intensa y consciente
- diálogos no verbales
- revisión panorámica de la vida
- percepción del propio cuerpo como “algo ajeno”
- decisión, o invitación, a regresar al plano físico
Lo más llamativo para Moody no fue el contenido emocional, sino la consistencia trans-cultural. Personas de diferentes países, religiones, edades y niveles educativos describían los mismos elementos básicos sin haber leído sobre ECM ni tener contacto entre sí.
Moody fue muy cuidadoso: jamás afirmó que sus hallazgos probaran la vida después de la muerte. Pero sí dijo algo que abrió un debate global:
“Los relatos son demasiado coherentes para atribuirlos únicamente a alucinaciones, hipoxia o imaginación.”
Su trabajo inspiró líneas de investigación clínica, neurológica y filosófica que continúan hasta hoy.
Pim van Lommel – El Científico clínico
Mientras Moody dio al fenómeno un cuerpo conceptual, el cardiólogo holandés Pim van Lommel aportó la evidencia clínica que faltaba.
En 2001 publicó en The Lancet —una de las revistas médicas más prestigiosas del mundo— un estudio longitudinal de diez años con 344 pacientes que habían sufrido paro cardíaco. Lo revolucionario del enfoque fue que Van Lommel entrevistó sistemáticamente tanto a quienes recordaban ECM como a quienes no, lo que permitía comparar variables médicas objetivas.
Sus conclusiones fueron disruptivas:
- Un 18% de los pacientes reanimados describió experiencias claras y estructuradas durante la ausencia de actividad cerebral registrada.
- Muchos relataron detalles del entorno o del procedimiento médico que luego fueron verificados por testigos profesionales.
- Ni la hipoxia, ni los fármacos, ni los antecedentes psicológicos explicaban la aparición de ECM.
- No existía correlación entre la duración del paro cardíaco y la probabilidad de “ver” o “sentir” algo.
- Los pacientes con ECM mostraban cambios estables en su personalidad: menor miedo a la muerte, mayor altruismo, sentido de propósito y transformación vital profunda.
Van Lommel concluyó que el modelo neurobiológico tradicional es insuficiente para explicar cómo personas sin flujo sanguíneo cerebral —y en consecuencia sin actividad cortical medible— podían tener una percepción intensificada y, en algunos casos, información verificable del entorno.
La hipótesis más parsimoniosa, según él: la consciencia puede funcionar de manera no local.
Es decir, no estaría confinada al cerebro, sino que interactuaría con él de forma análoga a como un campo interactúa con un receptor.
Moody, Van Lommel y Sans Segarra: Tres aproximaciones a un Mismo fenómeno
Aunque provienen de disciplinas distintas —filosofía y psiquiatría en el caso de Moody, cardiología en el caso de Van Lommel, y cirugía en el caso de Sans Segarra— los tres convergen en varios puntos clave:
- Las ECM presentan una estructura sorprendentemente consistente.
- Los pacientes describen percepciones que no encajan con un cerebro inactivo.
- La vivencia suele transformar profundamente la vida posterior.
- No existe explicación neurológica completa que abarque todos los elementos.
- La consciencia podría no depender exclusivamente del soporte biológico.
La diferencia es de enfoque:
- Moody dio nombre al fenómeno y lo describió.
- Van Lommel aportó metodología y evidencia clínica.
- Sans Segarra ofrece la interpretación desde el contacto directo con pacientes a lo largo de décadas.
La coincidencia entre enfoques tan distintos es precisamente lo que hace que el estudio de las ECM —y el debate sobre la consciencia no local— haya ganado seriedad en la ciencia contemporánea.
¿Qué diferencia a una ECM de una alucinación?
Para Sans Segarra, las ECM se distinguen de las alucinaciones psicóticas en varios aspectos:
- son estructuradas, no caóticas
- presentan coherencia lógica interna
- no incluyen elementos paranoides o persecutorios
- suelen transformarse en insights profundos o cambios vitales
- contienen información que el paciente no debería haber podido percibir
Este último punto es especialmente polémico pero también el más impactante.
La consciencia No-Local: Un concepto aún controvertido
Aunque Sans Segarra menciona conceptos cuánticos para apoyar su postura —a veces de forma imprecisa— el debate científico sobre la consciencia no local no es completamente marginal. Físicos y neurocientíficos contemporáneos, como:
- Sir Roger Penrose,
- Stuart Hameroff,
- Henry Stapp,
- Max Tegmark,
- Donald Hoffman,
han explorado modelos que cuestionan la idea clásica de que la consciencia se reduce a procesos neuronales.
La consciencia no local no está demostrada, pero tampoco puede descartarse bajo el materialismo tradicional.
El impacto humano: testimonios que transforman vidas
Una constante en las historias recogidas por Sans Segarra es el impacto psicológico y existencial:
- disminución del miedo a la muerte
- mayor altruismo
- pérdida de interés en lo superficial
- sensación de conexión universal
- reorientación del propósito vital
Este patrón coincide con los estudios longitudinales de Van Lommel y Greyson: la ECM no es una “alucinación pasajera”, sino un episodio con consecuencias duraderas.
Reflexión final
La perspectiva del Dr. Manuel Sans Segarra no pretende haber resuelto el enigma de la consciencia, pero sí plantea una idea que gana fuerza en los márgenes de la ciencia:
Quizá la consciencia no sea un producto del cerebro, sino un fenómeno más amplio que usa al cerebro como instrumento.
Y si esto fuera cierto, las ECM no serían accidentes fisiológicos, sino ventanas fugaces hacia una dimensión de realidad que la ciencia apenas empieza a considerar.
Moody lo llamó “una pista de que la muerte no es el final”.
Van Lommel lo definió como “indicios de una consciencia continua”.
Sans Segarra lo resume como “la supraconciencia que todos compartimos”.
Maravilloso. Felicitaciones!