¿Aquí Hablamos de Dios o de Ciencia?

Dios y el universo participativo

Hace poco un amigo muy cercano (de esos que no creen en nada) me dice, a la vez que me suelta una mirada de esas con las que Scully solía escudriñar a Mulder cuando este se entregaba a sus pasionales historias: ‘Entonces puede compararse la idea de un Dios creador con el “universo participativo” que propone la física moderna de Wheeler’.

Confieso que alguna vez yo también fui Scully.

Lo cierto es que a primera vista podría parecer que sí, que mi amigo tenía razón pues en ambos casos hablamos de origen, de propósito, de un orden que sostiene la existencia. Pero cuando profundizamos, descubrimos que se están describiendo dos realidades completamente distintas.

Para entender esta diferencia, conviene empezar por el hombre que formuló una de las ideas más provocadoras del siglo XX: John Archibald Wheeler.


John Archibald Wheeler: el físico que llevó la consciencia al corazón del cosmos

Wheeler no fue un autor esotérico ni un filósofo espiritualista. Fue uno de los físicos teóricos más influyentes del siglo XX: colaborador de Bohr, mentor de Feynman, pionero de la teoría de agujeros negros y arquitecto de conceptos que hoy son centrales en la física cuántica.

Sin embargo, hacia el final de su carrera hizo una afirmación que desconcertó a sus colegas:

“El universo es un acto de participación.”
No existe fenómeno hasta que es observado.

Esta frase —aparentemente poética— resume una intuición radical:
la realidad no está completamente “ahí fuera” esperando ser descubierta.
En cierto modo, depende de nosotros para existir.

Ese es el núcleo de su participatory universe, una visión donde observador y universo forman un círculo inseparable: el universo produce seres conscientes, y esos seres conscientes dan forma al universo al observarlo.

Wheeler junto a sus estudiantes de física


El Dios católico: un creador externo, personal y absoluto

En la tradición católica, Dios es:

  • Un ser personal, con voluntad e intención.
  • Totalmente separado del universo, que crea desde la nada (creatio ex nihilo).
  • Eterno, es decir, existiendo antes y más allá del espacio-tiempo.
  • Soberano, porque mantiene y dirige el orden del mundo.

En este marco, el ser humano es criatura, no co-creador.
La realidad existe plenamente incluso si nadie la observa, porque su fundamento no es la mirada humana, sino la voluntad divina.

En otras palabras:

Dios es el Autor del libro del universo;
nosotros somos lectores dentro de la historia.


El universo participativo: un cosmos que “despierta” cuando lo miramos

Wheeler propone una imagen radicalmente distinta:

  • No hay un creador externo.
  • La realidad no está completamente definida de antemano.
  • La observación no solo registra el mundo: lo actualiza.
  • El origen del universo incluye, paradójicamente, la existencia futura de observadores.

Es un modelo donde información y consciencia ocupan un lugar central.
Su célebre lema “It from Bit” expresa la idea de que lo físico (“it”) surge de actos fundamentales de información (“bit”).

Aquí no existe un Dios-persona.
Pero tampoco un universo indiferente y mecánico.

Existe, más bien, un proceso autoorganizado donde la consciencia tiene un papel constitutivo.
El universo no nos fue “dado” completamente: lo vamos co-construyendo a medida que lo observamos.

Podríamos decir que el universo se alimenta de nuestras experiencias y aprende.


¿Hablan ambos de un creador? Sí… pero no del mismo modo

Una comparación directa ayuda a ver la diferencia:

CatolicismoUniverso participativo de Wheeler
Dios es un ser personal, externoNo existe entidad externa al cosmos
Crea el universo desde la nadaLa realidad emerge a través de observadores
El mundo es independiente de la mirada humanaLa observación define lo que es real
Relación vertical: Creador → criaturaRelación circular: universo ↔ observador
La consciencia es creada por DiosLa consciencia es condición de la realidad

Lo crucial es esto:

  • En el catolicismo, la consciencia deriva del acto creador de Dios.
  • En Wheeler, la consciencia es parte del mecanismo que hace real al universo.

Ambas visiones hablan de origen, pero ese origen opera desde lugares distintos: uno desde arriba, otro desde dentro.


Donde casi se tocan: la idea de una realidad que se reconoce a sí misma

Aunque sus fundamentos no podrían ser más diferentes, existe un punto de contacto sugerente:

  • La mística cristiana ha dicho siempre que Dios se conoce a sí mismo a través de la creación.
  • Wheeler, desde la física, plantea que el universo requiere observadores para completarse.

En ambos casos aparece una intuición compartida: la realidad se vuelve consciente de sí misma mediante un proceso relacional.

Ese puente ha sido explorado por autores como Bohm, Bernard d’Espagnat o teorías informacionales contemporáneas que ven la consciencia como un principio estructural del cosmos. No son equivalentes a la teología cristiana, pero dialogan con sus preguntas más profundas.


Entonces… ¿está Wheeler hablando de Dios?

No.
Y a la vez, está tocando algo que tradicionalmente se consideraba territorio de la filosofía y la espiritualidad: el papel de la consciencia en la existencia del mundo.

La física de Wheeler no afirma que exista un “ser creador”.
Afirma algo más incómodo:

El universo necesita participación para existir plenamente. No somos espectadores: somos coprotagonistas ontológicos.

No reemplaza a Dios, pero desplaza la noción clásica de creación hacia un territorio donde consciencia, información y realidad se vuelven inseparables.


El puente hacia el idealismo cuántico moderno: un universo que necesita consciencia

La propuesta de Wheeler —un universo incompleto sin observadores— ha inspirado a varios pensadores contemporáneos que van un paso más allá. No se conforman con integrar la consciencia en la física: la colocan en el centro de todo. Es la corriente conocida como idealismo cuántico moderno, representada por autores como Bernardo Kastrup, Donald Hoffman y otros investigadores que exploran la interfaz entre física, filosofía y ciencias cognitivas.

Estos autores defienden una idea provocadora:

la consciencia no surge del universo físico;
es el universo físico el que surge de la consciencia.

Bernardo Kastrup: el mundo como una manifestación de la mente profunda

Kastrup sostiene que la realidad es una expresión de una mente universal. No se refiere a un Dios-persona, sino a una consciencia fundamental que se desdobla en múltiples puntos de vista —nosotros.
Nuestro mundo físico sería, desde esta perspectiva, una “imagen” compartida producida por esa consciencia primaria.

La conexión con Wheeler es directa:
si el universo necesita participación para hacerse real, esa participación podría ser el síntoma de que la consciencia es el escenario original, no un producto secundario del cerebro.

Donald Hoffman: la realidad como interfaz

Hoffman, desde la ciencia cognitiva, llega a una conclusión sorprendentemente alineada. Según sus estudios, lo que percibimos como “mundo físico” no es la realidad en sí, sino una interfaz evolutiva, una representación simplificada que nos permite sobrevivir.
La consciencia —según él— es más básica que la materia, y lo que llamamos “objetos” serían iconos dentro de un sistema de representación compartido.

Esta visión encaja con la pregunta que dispara el universo participativo de Wheeler: ¿y si lo que observamos no es la realidad última, sino la forma en que esta se vuelve accesible a la consciencia?

Un universo que se alimenta de observación

Tanto Kastrup como Hoffman coinciden en un punto clave: la realidad se sostiene y se actualiza a través de la actividad consciente.
No hablamos de “crear objetos con la mente”, sino de que la consciencia es el tejido profundo que permite que las cosas sean “algo” y no “nada”.

El universo participativo de Wheeler sugiere que sin observación no hay fenómeno.
El idealismo cuántico añade que sin consciencia no habría universo coherente que observar.

Es un cambio de paradigma:
ya no somos espectadores en un cosmos indiferente, sino componentes esenciales del mecanismo que lo hace existir.

¿Ciencia o metafísica? Un territorio en evolución

Estas ideas no pretenden desplazar la física estándar, sino extenderla hacia preguntas que la ciencia tradicional suele dejar fuera: ¿Es la realidad un proceso autoorganizado que se vuelve consciente de sí misma?

Wheeler abrió la puerta al afirmar que los observadores participan en la creación del mundo.
El idealismo cuántico moderno entra por esa puerta y se atreve a plantear que la consciencia es la condición fundamental que hace posible el universo mismo. El universo es pura consciencia que se reinventa y expande con cada nueva experiencia. Nosotros no somos algo ajeno a esa consciencia, somos esa consciencia universal experimentándose a si misma. ¿Acaso creías que la vida no tenía sentido?

Norberto V.

Una vida persiguiendo respuestas.

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