La física moderna empieza a considerar una posibilidad que antes solo aparecía en la ciencia ficción.
Imagina que todo lo que ves —las estrellas, los planetas, incluso tú mismo— no existiera como materia sólida, sino como el resultado de un gigantesco programa corriendo en segundo plano.
Esa es, en esencia, la teoría de la simulación, una hipótesis que ha pasado del terreno de la filosofía y la ciencia ficción a ocupar un lugar en los debates más serios de la física contemporánea.
Según esta idea, la realidad que experimentamos podría ser una simulación digital tan avanzada que sus habitantes —nosotros— no podríamos distinguirla del “mundo real”.
En lugar de estar construida a partir de átomos y energía, la realidad estaría hecha de información, como los píxeles de una pantalla o las líneas de código que dan vida a un videojuego.
Bajo este enfoque, las leyes de la física serían las reglas del sistema, instrucciones programadas que determinan cómo deben comportarse las partículas, el tiempo y el espacio.
Y entre esas leyes, una en particular llama poderosamente la atención: la gravedad.
Puedo ayudarte a verlo con ejemplos claros. Pregúntame lo que quieras.
🌱 Iniciar la conversaciónFundamentos científicos detrás de la Teoría de la Simulación
La gravedad, ¿una línea de código cósmica?
Durante siglos, la gravedad se entendió como una fuerza fundamental. Newton la describió como una atracción entre masas, y Einstein la reinterpretó como la curvatura del espacio-tiempo.
Pero algunos científicos creen que hay algo más detrás de este fenómeno.
¿Y si la gravedad no fuera una fuerza básica, sino un algoritmo diseñado para mantener el equilibrio del universo?
Esa es la provocadora pregunta que plantean físicos como Erik Verlinde y Melvin Vopson, quienes ven en la gravedad una especie de “mecanismo matemático” que evita el caos y mantiene la coherencia del sistema, igual que un programa informático que organiza sus procesos para no colapsar.
Verlinde, físico teórico de la Universidad de Ámsterdam, propuso el concepto de gravedad entrópica. Según él, la gravedad no es una fuerza, sino un efecto emergente que surge del comportamiento estadístico de la información y la tendencia natural de los sistemas a maximizar su entropía —es decir, su nivel de desorden—.
Inspirado en los estudios sobre los agujeros negros, Verlinde sugiere que el espacio y el tiempo podrían ser productos derivados de la información, no estructuras físicas en sí mismas.
Cuando la información pesa
Melvin Vopson, físico británico de la Universidad de Portsmouth, ha llevado esta idea un paso más allá.
En 2022 publicó una hipótesis que ha causado revuelo: que la información tiene masa.
Inspirado por la ecuación de Einstein (E = mc²), Vopson plantea una nueva equivalencia: masa = energía = información.
Según su modelo, cada bit de información —la unidad mínima de los sistemas digitales— posee una pequeñísima cantidad de masa y energía, y por tanto forma parte de la realidad física.
Si esto es cierto, guardar o borrar información no sería un proceso abstracto, sino una acción con consecuencias físicas medibles: intercambios de energía y variaciones de masa, aunque diminutas.
La información, por tanto, sería una entidad tangible, tan real como la materia.
Una nueva ley del orden cósmico
Vopson también ha propuesto una nueva ley natural: la segunda ley de la infodinámica.
A diferencia de la segunda ley de la termodinámica —que afirma que el desorden tiende a aumentar—, esta nueva regla sugiere que la información tiende a organizarse y a reducir el caos dentro del universo.
En otras palabras, si el cosmos funciona como una computadora gigante, su “software” estaría diseñado para optimizar el procesamiento de información, corrigiendo errores y manteniendo el orden.
“La optimización informacional es una característica esencial si el universo opera como un sistema computacional gigante”, explica Vopson.
Este principio abre un horizonte fascinante: las leyes físicas podrían ser el resultado de un proceso de eficiencia, como si el universo se reescribiera constantemente a sí mismo para funcionar mejor.
Un virus como pista del código universal
Aunque suene abstracto, Vopson intenta respaldar su teoría con observaciones concretas.
Uno de los casos más curiosos que ha analizado es el del virus SARS-CoV-2, responsable de la pandemia de COVID-19.
Según sus estudios, las mutaciones del virus muestran una tendencia a reducir su entropía informacional, es decir, a optimizar su estructura genética para ser más eficiente.
La variante Delta, por ejemplo, mejoró su capacidad de transmisión gracias a una serie de cambios que, desde esta perspectiva, pueden interpretarse como una optimización informacional.
Para Vopson, este patrón podría ser una señal de que la naturaleza —a todas las escalas— sigue las mismas reglas de eficiencia que un sistema de información en equilibrio.
Si esto fuera cierto, no solo los virus, sino muchos otros procesos naturales —desde la evolución biológica hasta la formación de galaxias— podrían obedecer a una lógica de optimización computacional.
Ciencia, filosofía y el eco de la ciencia ficción
La posibilidad de que el universo sea una simulación no es nueva.
En 2003, el filósofo Nick Bostrom, de la Universidad de Oxford, planteó que si una civilización avanzada tuviera la capacidad de crear simulaciones tan complejas como la realidad, es más probable que nosotros estemos dentro de una de ellas que fuera.
Lo que en su momento parecía ciencia ficción ahora encuentra eco en teorías físicas cada vez más sofisticadas.
Pero esta idea también abre dilemas filosóficos y éticos profundos:
Si el universo es un programa, ¿quién lo escribió?
¿Tenemos libre albedrío o seguimos líneas de código predefinidas?
¿Y cambiaría algo realmente, si nuestra experiencia sigue siendo real para nosotros?
El universo que calcula
Las teorías de Verlinde y Vopson no son conclusivas, pero invitan a mirar el cosmos con otros ojos.
Tal vez el universo no sea una gran máquina material, sino un inmenso procesador de información que calcula, organiza y evoluciona.
Quizás, después de todo, la pregunta no sea si vivimos en una simulación, sino qué papel jugamos dentro de ella.undo debate sobre nuestra autonomía y responsabilidad en un posible universo simulado.